domingo, 29 de abril de 2007

¿Santiago no es Chile?

En Santiago se encuentran el Palacio de la Moneda, la Corte Suprema de Justicia, las casas matrices de los ministerios, de los organismos estatales, de las entidades artísticas, educacionales, científicas, económicas, industriales, sean éstas públicas o privadas... pareciera que se escapa de esta concentración el Congreso Nacional, que está enclavado en Valparaíso... pero esta ciudad está a un breve paso de Santiago...

Repasemos la historia. Si bien durante los primeros años de la Conquista, Santiago fue la urbe más importante de Chile, Valdivia pugnaba por alzarse como la metrópoli de la época. A tal punto este aserto se condice de la realidad, que el insigne historiador Francisco Antonio Encina afirmó que de no mediar el desastre de Curalaba, el centro gravitacional chileno habríase situado en el sur de nuestro país.

Desde el año 1598 en adelante, gran parte de las familias establecidas en las llamadas "ciudades de arriba" se trasladó hacia el norte, buscando mayor estabilidad y seguridad. Esto motivó con toda certeza el declive del sur y favoreció el posicionamiento de Santiago y sus alrededores. En efecto, si miramos con detenimiento las páginas de la historia de Chile, éstas se refieren casi con exclusividad al devenir de la actual metrópoli junto con sus satélites.

Las entradas que por concepto de extracción de recursos naturales correspondían a las provincias, debían llegar primeramente a Santiago, y luego ser "distribuidas"... todos sabemos qué clase de arbitraria repartición obraba en aquellos tiempos... Hoy, todavía, vemos que los caudales del Fisco se usan preferentemente en Santiago, y, por añadidura, en Valparaíso o Concepción.

La actualidad noticiosa chilena gira en torno a Santiago. Esto no debe extrañar a nadie, puesto que los principales medios de comunicación chilenos son de la capital. Veamos el siguiente caso: una lluvia que abarque un período de dos horas en la Región Metropolitana puede recibir una cobertura de al menos media hora en cualquier canal de televisión; un temporal que afecte a las provincias del sur por espacio de tres días, dejando un saldo de miles de damnificados y muchas viviendas anegadas con suerte ocupará diez minutos. Tomemos otro ejemplo: en una céntrica calle de Santiago, un delincuente intimida a un peatón para robarle una billetera con tarjetas de crédito y mucho dinero en su interior; este hecho generará un impacto de tal envergadura, que la víctima aparecerá en televisión y poco más se mostrará su biografía ante las cámaras. El mismo suceso acontecido en alguna provincia apartada de Chile, sino se ve "condimentada" de terribles sangrías en el cuerpo, desangramiento hasta producir un charco más o menos grande o un espantoso descuartizamiento, jamás verá la luz en los noticieros metropolitanos.

Una escuela situada en un paupérrimo barrio de Santiago posee sus techumbres dañadas, y el mobiliario que en ella existe no está en condiciones de seguir usándose. Esto motivará una célere ayuda por parte de las autoridades. Pongamos ese establecimiento en algún rincón apartado de la Segunda Región o en Magallanes, y nadie comentará otra cosa sino: "Está muy lejos".

Se ha dicho hasta el cansancio que Santiago no es Chile... ¡Desde luego que no lo es! ¡Si ni siquera Chile representa algo para Santiago! Las regiones sólo presentan relevancia a los ojos de los santiaguinos por las riquezas naturales que en el valle de Chacabuco no se dan, o cuando hay que respirar un aire menos contaminado.