Ella siempre está presente en mi vida: cada vez que sostengo una conversación con mis padres, por uno u otro motivo brota espontáneamente ese inmarcesible nombre, que en mis oídos resuena melodioso y augusto, y en mi corazón fluye tan vigoroso como la sangre misma.
Las jornadas que sucedieron al deceso, mientras algunos hacían vida social, mi madre y yo llevábamos internamente el dolor inagotable y vivo de la partida de Inesita. Pero, al mismo tiempo, considerábamos que Dios la condujo acertadamente hacia su reino, pues ya estaba sufriendo mucho. El melanoma maligno que apareció un día en una de sus extremidades, se convirtió (pausadamente) en una metástasis generalizada; la gangrena tumoral comenzó a consumir sus entrañas y a minar su existencia.
Inesita, la concertista en piano y licenciada en interpretación musical, la directora fundadora del Conservatorio de Música de la Universidad Austral, la decana de Bellas Artes de esa casa de estudios, la directora de extensión cultural de la misma, la gestora y organizadora de los grandes eventos artísticos de Valdivia... todas esas remembranzas gloriosas quedaban atrás, pues la muerte convierte las obras humanas en fugaces instantes: Sic transit gloria mundi.
Sólo quisiera agregar que Inesita fue para mí una mujer de valor excepcional. Su vitalidad, su férrea voluntad, fueron elementos que, acompañados de otros secundarios, dirigieron sus actos y, posiblemente, sus sentimientos.
Dios te guarde allá en la excelsitud, querida Inesita.


2 comentarios:
Gracias Pablo por tus gentiles comentarios en mi blog.Valoro mucho tu interés en destacar la vida de tantas personas que aportaron tanto a la cultura en nuestro país, y que no son recordadas en la dimensión que merecen.Deseo tengas mucho éxito en tu carrera,felicidad en tu vida, salud, amor y paz.
Abrazos,
Mariela
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