Bien sabido es por quienes poseen en sus mentes aquel necesario sentido común, que las movilizaciones y toda acción de fuerza se acuerdan por la inutilidad e ineficacia de los canales de comunicación convencionales. Términos tan manoseados como "mesas de diálogo" y "democracia" sólo encubren una malvada intencionalidad de mantener las cosas en un statu quo.Los estudiantes de la Universidad Austral se han manifestado en forma pacífica contra la política mercantilista de la rectoría y del directorio de dicha corporación. Acusan a éstos de negarse a toda posibilidad de mejorar las condiciones de desempeño de los alumnos, ya se trate de beneficios arancelarios, como de condiciones de estudio (infraestructura, espacios de recreación, entre otros). Las autoridades universitarias han respondido malamente a estas voces, valiéndose de discursos demagógicos y de amenazas de desalojo de los recintos tomados. En ninguna de las declaraciones públicas emitidas por la casa de estudios valdiviana, se ha observado un ánimo de querer resolver verdaderamente los puntos considerados conflictivos y de inmediato examen.
No conformes con las medidas de amedrentamiento, los miembros del directorio de la Universidad Austral han avalado el ingreso de carabineros a los recintos universitarios, lo cual constituye una de las prácticas más aberrantes e impropias de un sistema de educación superior, en el que debiera primar siempre la autonomía y la inviolabilidad de esos recintos. Sucesivamente, los rectores de la Universidad Austral, durante el período de retorno a la democracia, han echado mano de los mismos recursos demoníacos que se emplearon en tiempos de la dictadura militar de Augusto Pinochet.
Por otra parte, la actitud del rector Víctor Cubillos deja mucho que desear. Semeja un títere manipulado por un grupo de tecnócratas ajenos a toda actividad epistemológica y educacional, reunidos en conciliábulos con el propósito de sacar el mayor provecho de los ingresos que provienen de los bolsillos de los estudiantes. Se ha dicho reiteradamente que los miembros del directorio de la Universidad Austral no perciben remuneración alguna; esto es parcialmente cierto, en tanto no se les asigna un estipendio regular y controlado por planilla. Pero los giros de comercio que cada uno de ellos tiene, se ven favorecidos por medio de sendos arreglos económicos. Así, por ejemplo, para nadie es un misterio que en la época de firma de pagarés de arancel anual, la única notario autorizada para colocar funcionarios que visen los documentos con rúbricas es Carmen Podlech Michaud. ¿No es esto una forma de percibir ganancias indirectamente? También es de público conocimiento que las líneas telefónicas tendidas en los campus universitarios pertenecen a Telefónica del Sur, o que los insumos con que se fabrican alimentos proviene en parte de la molinera Kunstmann (más conocida como Harinas Collico).
El solo hecho de que la Universidad Austral posea convenios con dichas empresas no constituye inmoralidad alguna. Ésta se produce en el instante en que esos giros comerciales se ven representados en el directorio de la institución educativa. Esto sí que sorprende negativamente en quien conoce la situación.
Volvamos al tema originario. Los estudiantes están disconformes con la situación que les atañe, puesto que también advierten con desazón que los valores anuales de sus carreras suben progresiva y rápidamente, y muy poco falta para que se homologuen a los de cualquier universidad privada. Y he aquí el punto que yo quisiera analizar.
Las universidad privadas son entidades puramente comerciales y lucrativas, y como tales entregan a sus clientes las atenciones que corresponden al valor de lo que piden. La Universidad Nacional Andrés Bello ofrece a sus alumnos espacios físicos en excelente estado, equipamiento nuevo y acorde a la modernidad y las mallas curriculares tienen buena coherencia con los requerimientos laborales. En pocas palabras: lo que los estudiantes pagan, esas universidad se los retribuyen íntegramente. Altos precios, excelente calidad de servicio.
Por el contrario, la Universidad Austral cobra aranceles levemente inferiores a los de aquellas instituciones, pero exhibe un cuadro desolador: salas de clases inhóspitas para los alumnos (recuérdese el espantoso estado de la Facultad de Ciencias de la Ingeniería), espacios estrechos y poco gratos, semejantes a pajareras (Centro de Innovación Docente de la Facultad de Filosofía y Humanidades), pabellones docentes añejos y carentes de comodidades, casinos demasiado pequeños y incómodos para la real demanda alimenticia de los estudiantes, ausencia parcial o total de laboratorios adecuados para realizar cursos teóricos y prácticos (incendio del edificio Emilio Pugín Ríos, de la Facultad de Ciencias), distribución caótica de los horarios para ocupar salas de clases... Para colmo, no existe locomoción entre los campus Miraflores y Teja, lo cual debiera ser una prioridad dentro de los planes de organización universitaria.
Podría enumerar un sinfín de problemas existentes en la Universidad Austral. Pero lo importante es destacar que éstos, en razón de las herméticas y poco solubles políticas de las cúpulas administrativas, sólo pueden manifestarse o tener alguna relevancia mediante las movilizaciones estudiantiles. Esta poderosa herramienta es la única que permite efectuar los cambios sustanciales que medran la calidad de vida de las personas, pues los medios de que se dispone en un régimen democrático (tal cual está concebido en la actualidad) sólo se traducen en pérdidas de tiempo, dilaciones, excusas y un desistimiento de los anhelos por cansancio.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada