miércoles, 20 de agosto de 2008

Párvula historia del Conservatorio Nacional de Música y Declamación de Santiago (1849-1911)

Tiene su remoto origen en la "Cofradía del Santo Sepulcro", integrada por José Miguel de la Barra, Pedro Palazuelos y José Gandarillas, respectivamente hermanos 1º, 2º y 3º de dicha entidad. En conjunto, propusieron al gobierno chileno establecer una escuela pública de música y canto, lo cual fue aprobado por medio de un decreto supremo firmado en Santiago, el 26 de octubre de 1849, por el presidente Manuel Bulnes y el ministro de instrucción pública Manuel Tocornal. Entre los puntos que se tocaron en aquella norma, figuraba el hecho de que la escuela se transformaría en un conservatorio "luego que el Gobierno se halle en aptitud de destinar fondos a este objeto" (Sandoval, 1911: 8). También se nombró como director al profesor Adolfo Luis Desjardin, un buen organista parisino, y se designó una comisión integrada por aquellos tres ciudadanos "para inspeccionar la expresada escuela, dictar sus reglamentos y fijar el estipendio de sus alumnos" (op. cit.). Al año siguiente, otro decreto supremo, expedido el 17 de junio, creó el Conservatorio de Música con los cursos de solfeo, canto para soprano, contralto, tenor y bajo; piano, órgano, armonio y violín. Las lecciones eran gratuitas y se dictaban tres veces a la semana en el local matriz, y tres especiales para los alumnos del Instituto Nacional. Adolfo Desjardin fue confirmado en su calidad de director, asignándosele un sueldo anual de ochocientos pesos. A la sazón, el Conservatorio permaneció funcionando en la Escuela de la Cofradía del Santo Sepulcro.

José Miguel de la Barra murió en 1851, por lo cual su labor fue continuada por el señor Palazuelos. Hasta 1852, el único profesor de la Escuela fue Adolfo Desjardin; pero un año más tarde se contrató a José Zapiola, Máximo Escalante y Francisco Oliva para proveer los cargos de subdirector, profesor de instrumentos de cuerda y de viento, respectivamente. Al mismo tiempo, egresaron algunos estudiantes de canto para el servicio religioso y para la ópera. En noviembre de 1855 renunció a la dirección Desjardin, sucediéndole Tulio Eduardo Hempel, de nacionalidad alemana, que dejó el cargo en junio de 1857. Comenzó a dictar la asignatura de canto Juan Carlos Bajetti. Ese último año son contratados Francisco Guzmán (para la cátedra de cuerdas) y Dominga Guzmán (piano), por las renuncias de sus predecesores. En el transcurso de ocho años (1863-1871), la cantidad de alumnos de piano creció a tal punto que se hizo menester la creación de otra clase de la especialidad, que fue servida por Rosario Guzmán de Rivas. En 1872 debió abrirse otra clase de piano, la cual asumió Francisca Tomes. Tres años después, una nueva clase de piano se crearía, desempeñándola Juana Guamán (alumna del profesor Desjardin desde 1855).

Una importante innovación en los estudios sucedió en 1877, con la apertura de la clase de armonía y contrapunto del profesor Tulio Hempel. Once años pasaron hasta que dicha clase fuera ocupada por otro maestro, el italiano Héctor Contrucci, quien también tomaría la del curso superior de piano.

En el período que el profesor Tulio Hempel dirigió el Conservatorio (precedido por Moisés Alcalde -en la fotografía de arriba-, entre los año 1875 y 1877), aún no gozaba de prestigio y sus labores se redujeron a exhibiciones masivas que recuerdan viejas épocas, cuando los músicos eran considerados a la misma altura que los bufones de corte. En efecto, esta academia "no pasó de ser una escuela que cantaba la Canción Nacional en las plazas y paseos públicos durante las festividades patrias [...]. Aquello era sencillamente desastroso" (Sandoval, 1911: 99).

En 1887, Contrucci (en la fotografía al costado derecho), director del Conservatorio, inauguró los primeros exámenes profesionales. El 28 de diciembre de 1889, ante el presidente de la República José Manuel Balmaceda, se inauguró la Gran Sala de Conciertos; tiempo después, se estrenó el nuevo edificio de la sección de niñas. En 1890, Germán Decker empezó a dictar una nueva clase de piano creada por la entidad. En 1894, el gobierno dispuso la reorganización del Conservatorio, para lo cual se propuso un nuevo cuerpo docente, destacando las figuras de Emilio Cocq (como subdirector), Aurelio Silva (inspector general, violín y viola), Federico Stöber (armonía), Bindo Paoli (piano), Juan Gervino (violín y viola), José Varalla (italiano). En 1898, el profesor Juan Harthan (director del Conservatorio entre 1894 y 1896) obtuvo del gobierno una nueva contratación de profesores, entre los cuales estaban Domingo Brescia (armonía y contrapunto), Waldemar Franke (órgano), Enrique Brüning (viola) y Gilberto Brighenti (violoncello).

Por aquella época, una de las personalidades que entró a ejercer docencia fue el becario Enrique Soro Barriga, a quien se le nombró en abril de 1905 como maestro auxiliar de armonía y canto.

Uno de los avances más significativos en la existencia del Conservatorio, fue la autorización gubernamental (a través del decreto supremo Nº 1.172, de 19 de octubre de 1905, del Ministerio de Instrucción Pública) para que la dirección del mismo expidiera certificados de competencia a los alumnos egresados. Antes de ello, no se otorgaba ninguna constancia de estudios cursados. Por otra parte, el horizonte laboral de los egresados se vio favorecido con la dictación del decreto supremo Nº 3.016, de 16 de junio de 1906, "en el que ordena preferir a los alumnos diplomados del Conservatorio para ocupar los empleos de profesores de música de las Escuelas Normales, Liceos..." y otros establecimientos públicos.

El 31 de mayo de 1909, el gobierno de Pedro Montt creó el Consejo Superior de Letras y Bellas Artes, del cual dependerían "todos los establecimientos públicos de enseñanza artística..." (decreto supremo Nº 1.909 del Ministerio de Instrucción Pública). El Conservatorio Nacional, dirigido en esa fecha por Carlos Aldunate (en la fotografía de la izquierda), pasó a depender de este organismo.

Ese año iniciaron sus actividades de magisterio, entre otros, Fernando Waymann y Balbina Ciuffardi (piano), Aníbal Aracena (órgano) y Guillermo Navarro (violín). En el bienio siguiente, aparecieron los nombres de Reinaldo Cavalli (violín y viola), Ferruccio Pizzi, Luis Sandoval y Pedro Humberto Allende (teoría y solfeo), Emilio Blanchait y Juan Marcelli (pistón y trompa, respectivamente).

Locales en que funcionó el Conservatorio
en su génesis se ubicó en la Escuela de la Cofradía del Santo Sepulcro, pero al breve lapso se trasladó a lo que es hoy la intendencia, luego en el actual edificio de Correos. Después se estableció en la esquina de las calles Delicias y Santa Rosa (Escuela Profesional de Niñas). Entre 1879 y 1884, ocupó el segundo piso del Congreso Nacional; ese último año se cambió al local donde funcionaba una escuela primaria en la esquina de Gálvez y Cóndor. Allí transcurrió una etapa verdaderamente penosa, pero desde 1888 se efectuaron reparaciones de considerable envergadura. En 1911, el edificio contaba con una superficie fiscal de 2.189, 73 metros cuadrados.

Una existencia precaria
Uno de los episodios menos decorosos que ha debido tolerar el profesorado y alumnado de esta academia, puso de relieve la precaria condición de las instalaciones donde aquéllos moraban (véase, al respecto, la fotografía en que figuran los alumnos de la clase de Conjunto Coral, del profesor Giarda; obsérvese el pésimo estado de la pared). Corría el año 1911. Por orden verbal del ministro de Instrucción Pública de la época, visitaron e inspeccionaron el local de funcionamiento del Conservatorio la Dra. Eloísa Díaz Inzunza (inspectora de higiene de educación) y de C. Reyes (jefe del Departamento de Obras Públicas). La primera, tras la evaluación, juzgó que "dicho establecimiento no reúne las condiciones necesarias, y, por lo tanto, es inadecuado para el objeto a que se le destina"; más adelante, ennumera las falencias observadas (falta de luz y aire en las salas, la presencia de una acequia con aguas servidas que atravesaba uno de los patios de recreo, mala colocación de los excusados y urinarios, entre otras) y afirmó que "constituye un grave peligro para la salud de los profesores y alumnos que a él concurren". Para colmo, seis hijos del mayordomo de la Escuela padecían varicela. Entre las medidas que sugirió la Dra. Díaz, estaban clausurar el local por el término de ocho días y practicar un aseo y una desinfección completa. Además, como normas de higiene permanente, estimó procedente poner ventiladores en las salas, abrir ventanas donde no las hubiera, limpiar el local con "una solución de bicloruro de mercurio al uno por mil", asear los baños dos veces por semana "con una lechada de cal común" y evitar los anegamientos.
Coincidiendo con la apreciación de Eloísa Díaz, el señor Reyes ofició al Inspector General de Arquitectura en el sentido de que el Conservatorio estaba en situación ruinosa, al punto de que una de las salas de clases se encontraba inutilizada por su proximidad con un baño.

Crecimiento sostenido
La población escolar se mantuvo relativamente estable en un promedio cercano a los 176 alumnos por año, hasta 1870; entre 1871 y 1890, el promedio anual era de aproximadamente 264 estudiantes, aunque hubo un pequeño intervalo en que se notó una disminución del alumnado (229 en 1873, 215 en 1874, 176 en 1875 y 182 en 1876); en tanto que desde 1891 en adelante, el número de alumnos aumentó progresivamente, alcanzando un total de 719 en 1911 (523 mujeres y 196 hombres). La tendencia que se mantuvo invariable durante el período 1849-1911, fue la predominancia del sexo femenino en las aulas musicales.


Fuente:
  • Sandoval Bustamante, Luis (1911). Reseña histórica del Conservatorio Nacional de Música y Declamación. 1849 á 1911. Santiago de Chile, Imprenta Gutenberg.