El periódico online El Mostrador, en su edición del día martes 24 de marzo del año en curso, publicó una nota informativa titulada "Violencia hasta en las camisetas". En ella, se informó que "soldados israelíes utilizan con frecuencia camisetas impresas con imágenes y mensajes violentos". A esto se añade que dichas prendas se confeccionan "cuando los soldados terminan sus cursos de entrenamiento". Por último, como dato revelador, se indica que la fábrica Adiv, situada en Tel Aviv, es la responsable de la confección mensual de unos 500 diseños de camisetas; "un gran número [de ellos] reflejando una agresividad, violencia y vulgaridad muy particular".Personalmente, creo que este episodio -que, en honor a la verdad, es tan sólo una síntesis de acontecimientos- en uno de los tantos síntomas de una enfermedad que ha costado miles de vidas: la discriminación político-racial de los judíos contra los palestinos. Las citadas vestimentas conforman, en efecto, una de las variadas manifestaciones de un odio arraigado en los corazones de los israelíes; no podemos olvidar, en este sentido, la construcción de altos muros de aislamiento, el asentamiento de colonos judíos en territorios palestinos, el trato vejatorio de los soldados hebreos contra la población árabe y otros sucesos degradantes.
Parece ser que los judíos, tras la obtención forzada de un pedazo de tierra mayormente estéril y agreste en la primera mitad del siglo XX, han querido vengar en nuestros días siglos de afrentas, enjuiciamientos, segregación, mala fama, confinamiento en barrios, genocidios y varios otros estigmas. Desgraciadamente, ello no significará que los judíos logren vivir en paz; puesto que, como anuncia sabiamente un proverbio popular, "el que a hierro mata, a hierro muere". Con toda seguridad, intuyo que mientras haya sobre la Tierra árabes y judíos que luchen por unos míseros territorios, nunca alguno de estos pueblos alcanzará el galardón de la quietud.
De nada sirve, por lo tanto, que el teniente general de ejército israelí Gabi Ashkenazi hiciera una apología de sus tropas, al asegurar que sus soldados constituyen "un ejército ideológico y moral" y que éstos tomarán "todas las medidas posibles para reducir el daño a los inocentes (en Gaza)". Tampoco contribuye a zanjar pacíficamente la cuestión, el que se diga que la comercialización y posterior uso patente de camisetas con textos violentos sea simplemente algo "de mal gusto"; la muerte, estimados lectores, es un hecho penado no sólo por las leyes morales de las más diversas religiones del mundo, sino también por la mayoría de las legislaciones de los países civilizados.
La socióloga Orna Sasson-Levy, consultada por el diario isrealí Haaretz (que dio a conocer el empleo de camisetas con mensajes proclives a la violencia), "advirtió que los diseños en las ropas 'podrían reforzar, estimular y legitimizar la agresión hacia los palestinos en los territorios ocupados [...]. Existe [...] mucha aspereza [...]. Hay una percepción de que el palestino no es una persona, un ser humano con derechos básicos y que, por lo tanto, se le puede hacer cualquier cosa". Aparentemente, el juicio emitido por Sasson-Levy se muestra consistente y auténticamente concientizado en orden a denunciar un comportamiento peligroso; sin embargo, es preciso revelar que la carga de reticencia a generar un cambio favorable de parte de los judíos se deja entrever en el marcado cinismo de la declaración: Sasson-Levy habla de los "derechos básicos"... ¿Los palestinos sólo pueden aspirar a que se les reconozca derechos básicos, y no aquéllos sobre los que se funda toda legislación civilizada? ¿Las visibles incitaciones a la violencia "podrían" reforzar, estimular y legitimizar la agresión contra los palestinos? ¿No hemos visto acaso que los judíos, preferentemente los uniformados, ante la menor provocación responden vertiendo fuego y balas sobre sus enemigos?
Así como se insta a los palestinos a deponer actitudes confrontacionales, se hacer urgente que los israelíes efectúen en sí mismos exámenes de conciencia: fundamentándome en lo expresado en los medios de comunicación, los únicos que no han mostrado indicios claros e inequívocos de solucionar conflictos de larga data con sus vecinos palestinos, son los judíos. La paz sobrevendrá una vez que las acciones de resolución de los problemas tengan un carácter de permanentes, y no sólo coyunturales o de inminencia.


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