domingo, 24 de mayo de 2009

Maestra y discípula reunidas en la eternidad

Un día 24 de mayo de 1949, moría en Santiago la más célebre de las pianistas chilenas, Rosa Amelia Renard Artigas (1894-1949), la popular Rosita Renard. Manifestó con precocidad un innato talento para la música. Bajo la dirección de su maestro Roberto Duncker, en sólo seis años cursó el plan de estudios de su instrumento en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación de Santiago (que constaba de nueve años). Sus brillantes presentaciones públicas luego de recibir su diploma profesional de profesora del curso superior de piano (1908), determinaron que el gobierno de Pedro Montt le concediera una beca de estudios en Alemania. En la tierra del káiser Guillermo II, Rosita inició su perfeccionamiento en el Conservatorio Municipal de Berlín, donde fuera alumna de Martin Krause, discípulo de Franz Liszt. Al término de su paso por este plantel, obtuvo el Diploma de Honor al mejor estudiante. Desde ese momento, la buena estrella que guió el derrotero de Rosita no dejó de enviarle sus prístinos rayos. Hizo repetidas giras por Norteamérica, América Central y Sudamérica; dio conciertos en los centros culturales de Europa y lució sus extraordinarias dotes interpretativas en diversas ciudades de nuestro país. Se dedicó también a la enseñanza: los nombres de René Amengual, Inés Santander, Flora Guerra y la valdiviana Inés Gebhard, entre otros, dan cuenta de la fértil simiente artística que dejó la maestra. Fue estricta en su metodología, pero prodigaba comprensión y afecto maternal; sus manos descargaban una pasión vehemente, que se cristalizaba en una interpretación vigorosa y, tal vez, demasiado rápida para sus detractores. Su actuación en el Carnegie Hall de Nueva York, en enero de 1949, fue la última: alcanzó la consagración. Pocos meses después, una encefalitis letárgica le arrebató la vida y un promisorio futuro.

Ese mismo 24 de mayo, pero del año 2007, emprendía el viaje hacia el infinito la distinguida pianista Inés Gebhard Paulus. Santiaguina de nacimiento, valdiviana por adopción. Tempranamente demostró grandes aptitudes musicales, descubiertas por una de sus tías maternas, una religiosa salesiana que era profesora de música y canto. Fue una de las más aventajadas discípulas de Rosita Renard en el Conservatorio Nacional. Obtuvo su diploma profesional con mucho aplauso de sus maestros, y se estableció en esta tierra boscosa y húmeda de Valdivia. Desde 1941 en adelante, ofreció audiciones y conciertos a la comunidad, en los que se reveló como una intérprete de excepcional sensibilidad y dominio de las obras que abordaba. Su personalidad multifacética la llevó a ser directora y presidenta de la Sociedad Amigos del Arte, directora de una academia privada de música, directora fundadora del Conservatorio de Música de la Universidad Austral de Chile, directora del Departamento de Extensión Cultural de la misma casa de estudios, profesora de piano regular entre 1955 y 1982… Sus méritos la hicieron acreedora del Premio de Extensión Artística de la municipalidad de Valdivia en 1966. Fue, a no dudarlo, digna heredera de la tradición de su maestra Rosita Renard.

Ese año 2007, un 24 de mayo, maestra y alumna volvieron a reunirse, esta vez para siempre.