Requerido por la Cámara de Diputados, el ministro del Interior Edmundo Pérez Yoma se presentó en el hemiciclo parlamentario de Valparaíso ayer martes 18 de agosto. Se le interrogó acerca de la manera en que el gobierno de Michelle Bachelet está enfrentando la cuestión mapuche. En su primera intervención, manifestó que "la democracia se hace más fuerte, sólida y transparente cuando las instituciones se utilizan adecuadamente. Las palabras altisonantes, las declaraciones estridentes o las afirmaciones falsas -como hemos visto muchas estos días-, sólo debilitan nuestras instituciones y desprestigian la política. Señalar que no existe estado de derecho o que un grupo de delincuentes tiene de rodillas al país, constituyen a todas luces afirmaciones absolutamente desproporcionadas y sin ningún tipo de asidero". Habló de seguridad ciudadana y fue enfático: "Chile es un país seguro. Así lo demuestran las cifras y es reconocido también internacionalmente". Más adelante, aludió a la muerte del estudiante Jaime Mendoza Collío, quien recibió un disparo fatal de un carabinero. "El gobierno [la] ha lamentado profundamente", aseguró. Dijo, además, que se trata sólo de un capítulo dentro del conflicto mapuche, y que el origen de los hechos acaecidos en la Araucanía se debe a la acción de grupos interesados en promover una situación de máxima tensión en esas comarcas, "bajo la excusa de recuperación de tierras". Son, por otra parte, grupos minoritarios, que no representan al pueblo mapuche.El diputado Gonzalo Arenas Hödar pidió autorización para dar su opinión, por espacio de tres minutos. Al cabo de éstos, se excedió en el tiempo y lanzó una serie de invectivas contra el ministro: lo acusó de mentiroso y sostuvo que los funcionarios de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) habían recibido sobornos. Habló con notoria y pública exaltación y no halló mejor forma de demostrar su exacerbación que levantarse de su asiento y dirigirse al ministro. Una vez sito frente a éste, Arenas, en un acto de suprema grosería y altivez, arrojó a su cara unos papeles de tramitación de indulto al comunero Víctor Ancalaf.
Semejante conducta motivó la condena de varios parlamentarios, hasta que el presidente de la Cámara de Diputados Rodrigo Álvarez tomó la palabra y expresó que lamentaba y rechazaba "los hechos ocurridos con el ministro del Interior don Edmundo Pérez Yoma, que estimamos absolutamente inaceptables. La conducta del diputado Gonzalo Arenas ha sido inadecuada, y, por ello, he aplicado dos sanciones contempladas en nuestro reglamento".
Desde luego, el proceder de Gonzalo Arenas fue objeto de una rápida divulgación en los medios de comunicación. Y no es para menos: pocas veces he tenido el desagrado de ver tales actos de ordinariez y bajeza moral. Las acusaciones de Arenas perfectamente podrían concebirse como calumnias, fuera de que su extralimitado discurso (si ello pudiera considerarse según este concepto) fue un conjunto de injurias.
La prepotencia con que se vio que Arenas oprobiaba al ministro sólo es dable en sujetos propensos a la pugna fácil y a la perorata hipócrita. No es poca cosa que pertenezca a un partido político de derecha, lo que contribuye a reforzar la paradoja del hombre de ese ámbito político: protesta ser cristiano observante, ése que empuña la mano y se golpea el pecho con furia sentado en los primeros bancos de un templo y ante el concurso de mucha gente; adhiere a conciliábulos tapizados de imágenes e ideologías extrañas y enjuicia con la borla de un inquisidor a quienquiera que no se atenga a sus estrictas normas; predica a barlovento y sotavento contra los métodos anticonceptivos, las minorías sexuales, el matrimonio de personas del mismo sexo, el matrimonio de los sacerdotes y otros asuntos. Pero, llegado el momento, no trepida en administrar secretamente esos mismos -u otros- métodos anticonceptivos para acabar con la naciente vida que se anida en el viente de la hija, intriga contra medio mundo y comete otras tantas tropelías sin experimentar el menor remordimiento, entre las cuales está la de ofender al prójimo con alevosía (como hizo Arenas con Pérez Yoma).
¿Parece que miento o exagero? Pues venga a nuestro recuerdo la imagen de un individuo perito en ofrecer puñetazos y teatros de duelo. Sí, es quien ustedes piensan: Iván Moreira, el mismo que tiene un hermano jesuita. Curiosa asociación, ¿no? Aquél que ha defendido y defiende a ultranza los crímenes de lesa humanidad en tiempos de la dictadura militar de Augusto Pinochet, y, como si ello no significara delito moral, asiste a oír misa.
Es sorprendente que esta clase de personas sean elegidas para ocupar asientos en el Congreso Nacional. ¿Será que los electores son una sarta de imbéciles? ¿O tal vez fueron comprados? ¿O se les prometió el cielo y la tierra? Yo barrunto mis respuestas, pero ésas son sólo mías. Lo que sí espero sinceramente es que los electores entiendan que es preciso conocer la trayectoria de cada postulante al Parlamento, y no escuchar embelesadamente al que les jura que cambiará sus vidas si se le elige congresal. No basta con promesas y con historias contemporáneas; urge escudriñar el pasado y ver quién es realmente el hombre o la mujer que pide su voto.
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¡Enhorabuena por el blog! Os invito cordialmente al que he creado para difundir en el mundo hispanohablante las actividades del magnífico, increíble coro de niños de Tölz: hablo sobre su discografía, sus activiidades, la trayectoria de algunos niños solistas e incluyo una interesante emisión radiofónica; todo ello en http://toelzerknabenchor.blogspot.com. ¡Muchas gracias!
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