martes, 16 de junio de 2009

Américo Tritini, un talentoso pianista del pasado

Aunque pensemos que la historia es un palimpsesto, muchas veces las huellas de un individuo, por muy meritorio que él fuera, se deslavan sin dejar más evidencia que unas cuantas líneas en algún viejo libro amarillento. En vista de semejante olvido, como ya ustedes sabrán, queridos lectores, mi pretensión es hacer una anamnesis de los artistas que, en tiempos pretéritos, estamparon su labor en las laureadas páginas de Euterpe, la musa que jamás olvida a sus dilectos hijos. En esta ocasión, he querido conmemorar el natalicio de una de esas figuras que pasaron por este mundo y consiguieron ganarse las simpatías de los amantes de la buena música, pero que hoy pareciera que nadie lo recuerda.

Américo Juan José Tritini Diodati nació en Talca el 17 de junio de 1894, a las 17 horas (inscripción de nacimiento número 150, registro 2, año 1894, Talca), hijo de los inmigrantes italianos Gerardo Tritini y Gueudalina Diodati. A la edad de doce años ingresó al Conservatorio Nacional de Música y Declamación, donde siguió la clase de teoría y solfeo del profesor José Agustín Reyes; posteriormente, desde 1904 (Sandoval, 1911: 74-75), se hizo alumno de piano del maestro Roberto Duncker, el mismo que condujera por el camino musical a los afamados concertistas Rosita Renard, Juan Reyes y Eva Limiñana. Más tarde, al renunciar en octubre de 1911 a su cátedra el profesor Duncker, pasó a la clase del distinguido compositor nacional Enrique Soro, con quien concluyó el noveno año reglamentario de estudios de piano. Con este mismo músico estudió armonía, así como con Nino Marcelli; y su educación sobre historia de la música la obtuvo de la profesora Leopoldina Maluschka de Trupp. Muy pronto se hicieron notar sus grandes facultades artísticas: en 1911 figuraba como profesor ayudante de piano, con dos horas semanales de clase (Sandoval, 1911: 32). Dos años después, el 2 de junio de 1913, dio su primer concierto en el Teatro Unión Central, el que, además, tuvo un carácter doblemente especial: bajo la batuta de Nino Marcelli, estrenó por primera vez en Chile el gran concierto para piano y orquesta de Piotr Ilich Tchaikowsky. Varios meses transcurrieron, y en noviembre tocó la Suite a dos manos de Enrique Soro conjuntamente con el autor, y varias obras de Schumann, Beethoven, Brassin, Scott y Arensky. En 1914 fue pensionado por el gobierno chileno para perfeccionar su instrucción en Europa, pero debió renunciar a esta beca debido al estallido de la Primera Guerra Mundial.

Dicho contratiempo le permitió, sin embargo, granjearse un sólido prestigio como ejecutante: ese mismo año, interpretó piezas de Chopin, Liszt y Paderewski en el Teatro Municipal; y en 1915 ofreció al público metropolitano el Concierto para piano y orquesta de Edvard Grieg. Al completar su formación, recibió con distinción unánime el diploma que lo acreditaba como profesor de curso superior de piano en 1916.

Ya ingresado al magisterio musical, presentó la primera generación de alumnos formados por él en el Teatro 18, el 4 de octubre de 1917. El auditorio que asistió a esta función prodigó muchos aplausos a los debutantes: Olga Cabrera, Germaine Galfre, Corina Sanhueza, Raúl Querzé, Adelaida Howard, Gabriela Bune, Alberto Spikin y a la señora Eugenia de Sánchez. Por esa época, abrió una academia particular de piano, en la que enseñaba según el plan de estudios vigente en el Conservatorio Nacional. Se ubicaba en calle Marcoleta Nº 467.

Como ya lo dijera en el párrafo anterior, fue uno de sus alumnos Alberto Spikin, posteriormente profesor de los notables pianistas Hugo Fernández, Mario Miranda, Oscar Gacitúa, Alfonso Montecino y, en el tramo final de su carrera, Elvira Savi (Cullel, 2008: 58).

El ejercicio profesional de Américo Tritini combinó su desempeño como maestro particular, concertista y profesor en el Conservatorio Nacional. Advertimos que en 1911 era ayudante de la cátedra de piano. En 1916, luego de su titulación, se convirtió en profesor de ese ramo en el semillero musical más importante del país, y, como tal, formó parte del consejo asesor de la Dirección General de Enseñanza Artística, hacia el mes de junio de 1927. Puesto que este organismo concurrían personalidades del campo de la música y de las artes plásticas, pronto éstas se vieron separadas: así nació la Sección Musical del Consejo de Enseñanza Artística.

El compositor Domingo Santa Cruz (2007) refirió que las primeras sesiones del Consejo estaban ensombrecidas por la animadversión que sentía el maestro Soro por él. En palabras del propio Santa Cruz, Soro lo consideraba "un mal agradecido, un alumno traidor" (2007: 247). En medio de este ambiente bélico, la presencia de los profesores Julio Guerra y Américo Tritini, a los cuales guiaba un auténtico y honesto entusiasmo por el mejoramiento del nivel artístico en Chile, contribuía a moderar los ánimos turbulentos.

El decreto Nº 7.110, del 26 de noviembre de 1927, designó las comisiones que tomarían los exámenes de validez de estudios del Conservatorio de la Sociedad Bach. Para evaluar las pruebas en piano, fueron nombrados Raúl Hügel y Américo Tritini.

Lamentablemente, a pesar del vivo interés de nuestro músico por el levantamiento de la actividad musical, tanto en lo puramente instrumental como en lo educativo, la reforma del Conservatorio Nacional de Música lo dejó fuera del nuevo escenario. "Notables valores del arte tales como Soro, Giarda, Carlini, Tritini, [y] Lidia Montero, habían sido alejados de las aulas para colocar en ellas simples aficionados sin título", se dijo en el Parlamento (Santa Cruz, 2007: 287). Esta acusación la formuló el diputado conservador por Chiloé Ignacio García Henríquez, el que, además, denunció -según Santa Cruz- que "toda la reforma había sido fruto de una larga y sostenida campaña de la Sociedad Bach" (op. cit., 2007: 287).


Fuentes:
  • Cullel, Agustín (2008). Mis recuerdos de Acario Cotapos: personajes y episodios olvidados de una época. Rev. music. chil. 62 (209): 56-60.
  • Sandoval Bustamante, Luis (1911). Reseña histórica del Conservatorio Nacional de Música y Declamación. 1849 a 1911. Santiago de Chile, Imprenta Gutenberg.
  • Santa Cruz Wilson, Domingo (2007). Mi vida en la música. Contribución al estudio de la vida musical chilena durante el siglo XX. 1ª ed. Santiago de Chil, Ediciones Universidad Católica de Chile.
  • Uzcátegui García, Emilio (1921). Américo Tritini D. Música 2 (4): 1-2.